viernes, 29 de junio de 2007

NAPOLEÓN -EL FELÓN-


Mi padre tenía la fiel costumbre de salir por las tardes –en verdad no se que haría-. Salía aproximadamente cerca de las cuatro. Ya se volvía ritual.
Cada vez que se iba aprovechaba el tiempo, todo un oportunista, llamaba a mi enamorada Pamela.
Era la más deliciosa de todas las que tuve, era la típica chica de ojos claros, verdes zafiro, cabellera rutilante, encrespada, piel canela y un cuerpo magisterial.
Ah me olvidaba, mi madre era ninfómana y se divorcio de mi padre para irse con su amante de turno y mi hermana mayor Elizabeth, atrapó a un viejo ricachón y se largó con él, nunca más supimos de su paradero. Bueno pero volviendo al tema, Pamela no hacía objeción ante cualquier propuesta que le hiciera.
Ese día quise que viniera a mi casa, sin embargo ella se mostraba un tanto indispuesta.
-Ven por favor, ¡solo un ratito!- claro y nada mas, ¿que le iba a pasar conmigo?
-No se Ricardo, en verdad no debería ir.
Así pasamos como quince minutos durante el teléfono, siempre me decía – ¡si no es hoy no será nunca!- , así que utilice mis adminículos para convencerla. A las finales aceptó mi propuesta.
-Espérame voy dentro de quince minutos, voy a cambiarme.
-No te demores amor, bye nos vemos.
Pamela llego engalanada, sin esperar ni un segundo la hice pasar a la sala.-Ven a mi cuarto y desnúdate de una maldita vez que quiero hacerte el amor-, estas palabras rodaban mi cerebro; se convertían en nubarrones y no me hacían entrar en razón. A tropeles ingresaban ideas insanas para con ella, pero me logré controlar; recordé aquella frase trillada –“el amor invade a las mujeres por el oído y a los hombres por el ojo”- .Era la única manera de hacerle sentir en familia.
-¿Amor está tu padre?
-No Pame, el salió, regresará a eso de las siete de la noche.
Ella colocó sus posaderas en mi mueble y me invitó a cercarla. Los dos solitos, una tarde tórrida, nada podía ser mas perfecto, comenzábamos a restregarnos cuerpo a cuerpo, la besaba en lo mas recóndito de su ente. Ella deba alaridos, ya empezaba a sollozar, me gemía quedamente al oído, me encantaba. Hasta que escuche un ronroneo crepitante, obviamente no provenía de su dulcedumbre garganta, era más bien animalesco, se trataba de mi gato. Éste maldito había escalado hasta el sofá. Rompió todo encanto, la ficción había quebrantado. Pamela en cambio, se tornó hacia él y me dejo de lado.
-¡Minino, minino!, ¡que bonito tu gato!
-Sí- le dije, mientras miraba con encono al felino sagaz.
Trate de retomar la situación, pero fue en vano, el cuadrúpedo comenzó a ganar cancha. El felino deambulaba entre las manos de mi amada, ronroneaba, se echaba, se paraba y se encrespaba nuevamente. Ya empezaba a irritarme, hasta tal punto que me daba celos.
-Que gato para más pendejo- me dije a sí mismo.
-Y ¿cómo se llama?
-Napoleón- así se llama ese intruso.
Díganme que podía hacer si ella estaba a gusto con él. Yo siempre cumplía mis propósitos, esta ocasión no se me iba a escapar.
-¡Shu, shu!
-¿Qué haces Ricardo?
-Espantando al gato ¿no ves?
El micifuz era más atractivo que yo, debido a que Pamela lo defendió, no le gustó que lo echara del mueble.
Ese infernal gato me miraba fijamente, al parecer quería intimidarme. Se ganaba la confianza de ella y quería poseerla, digo esto porque lo vi galanteándola con su cola tupida y esos movimientos serpentínicos que hacía.
Era una monotonía simplona, yo era su enamorado tenía mas derecho que ese animal, tenía que hacerme caso a mí no a él. ¡Que dilema!, si botaba al gato Pamela era capaz de irse, y yo no quería que se fuera, pero otra vez me atormentaba que estuviera allí, si lo retenía mas tiempo iba a explotar. Al parecer me encontraba en una encrucijada, en una disyuntiva. Y el colmo de los colmos era que el gato se llamaba “Napoleón”, menos mal que no era racional, porque sino hace rato que se hubiera dividido y conquistado mi tálamo hecho mujer.
Maldito, aun seguía allí con ella, sus muecas acarameladas ensalzaban la hospitalidad del nocivo gato.
¡Miércoles!, ahuyente al gato, no me interesó la reacción que tuviera Pame, dicho y hecho, tal y como lo pensé, ella se paro enérgicamente, tomó al felino embravecido por el desalojamiento que le había propiciado, lo acogió entre sus brazos y se dirigió hacia la puerta.
-¿A dónde vas Pamelita?
-Ahora si me dices Pamelita, sabes creo que tú quieres solo sexo conmigo, ¿crees que no me di cuenta?
Me dejó espantado con su pregunta.
-Sera mejor que me vaya con él Ricardo, Napoleón me hace mejor compañía que tú.
Las tensiones se acortaron, no había nada que hacer, le abrí la puerta y acepte resignado a que se vaya con ese “¡gatito!”. Era lo mejor, no quería problemas con ella.
Pamela apenas puso un pie en el umbral y el lunático gato salto de sus brazos, dejándola magullada tras haber rasgado su imberbe pecho. El maniático felino se puso atrás de mí y se lamió y relamió la cara, Pamelita me miro abstraída por tal situación. Ella me miro, me contemplaba impávidamente y yo me acerque a abrazarla. Lloriqueó impasiblemente cuando vio regresar a la casa a mi dipsómano padre con otro gatito más entre los brazos.

8 comentarios:

Pamela dijo...

jajajaajajaja dios ricardo me has hecho reir..humm yo en este tipo de situaciones no me hubiera fugado con un gato , menos con un gato no me gustan del todo que digamos
un beso y por cierto con esto me has hecho recordar que
Pamela y Alejandra son los nombres que mas te gustan.

Gonzalo Del Rosario dijo...

Bueno, los gatos siempre han sido traicioneros, las flacas deben saberlo.

INsitA!!! dijo...

yo amo los gatos!!
esa historia hahaha
oie me parece o me llamaste ignorante!!?? :P
pues lo soy xke ignoro muchas cosas U_U jojoj
hola xD!
adios!!

Fernando Nerú dijo...

Es muy bueno y a la vez contextualizable, ya que a casi todos, alguna vez, aspectos tan insulsos y muchas veces detestables, nos han estropeado uno de esos momentos, en el que la vida parece ser vida, sin dejar de ser rutina y otras tantas tan solo monotonia.

Anónimo dijo...

Escribes demaisado mal, tus narraciones carecen de estructuras y los personajes...sobretodo el de este cuento no tiene una personalidad previamente constituida.

giovanna dijo...

pamela? pamel ala morena preciosa? pero como esto ? ?¿?¿?

giovanna dijo...

y buena con el gato

Anónimo dijo...

Plagiador de mierda

lean el cuento del gato de Santiago Rocangliolo

http://blogs.elboomeran.com/roncagliolo/